Cristián Warnken
Jueves 06 de Agosto de 2009
Atemorizados vecinos de la zona oriente: a pesar de la creciente ola de asaltos a nuestras residencias part
iculares, podemos respirar tranquilos. Porque en una de nuestras comunas se está capacitando a las nanas para enfrentar los violentos ataques del “Cisarro”, el “Carita de Pena” o el “Perilla”. Se les enseña —entre otras cosas— a desconfiar de los que tocan el timbre; a cerrar bien las puertas; a resistir psicológicamente los asaltos.
Creo que —por bien intencionada que sea la idea— así como van las cosas y dada la temeridad sin límites de los asaltantes de la nueva generación, rápidamente habrá que ofrecerles cursos de karate express o judo aplicado, o de lo contrario estos consejos preventivos resultarán insuficientes para que nuestras nanas contengan a los temibles “nenes” de la calle. ¡La colombianización ya viene…!
A lo mejor es hora de que traigamos nanas colombianas aguerridas, experimentadas en guerrilla y narcotráfico. Las peruanas son laboriosas, hablan bonito, pero son demasiado dulces y andinas para enfrentar cuerpo a cuerpo a nuestro violento lumpen de pocas palabras. ¿Se imaginan un diálogo entre el “Potito Rico” o el “Loquín” y una delicada limeña vestida con celeste delantal? “La señito no está, puis”. “¡Abre, india cu…, o te hacimos pasta!... ”. Me dan más confianza nuestras nanas mapuches, más aguerridas y fuertes, más frontales y eficaces.
Pero, ¿por qué se está capacitando a las nanas y no a los dueños de casa? ¿Dónde estamos mientras están asaltando nuestras casas, con nuestros hijos adentro? Es que las nanas ya no sólo cocinan, lavan o sacan a pasear a la plaza a los niños. Ahora los ayudan a hacer las tareas, los acuestan y rezan con ellos, son las únicas que les leen cuentos, y los levantan. Las nanas siempre están.
Hay que dar una vuelta por las calles del barrio alto para darse cuenta de que ya nadie camina por ellas…, sólo las nanas. ¿Cuándo están en sus casas los “dueños de casa”? ¿Dónde están? Preguntas metafísicas a la hora de la siesta...
Paradoja creciente: el barrio alto lo viven los guardias, los jardineros y las nanas. Y el lumpen que se pasea aquí como Pedro por su casa. Porque todo esto se está pareciendo cada vez más a un cuento de José Donoso.
Pero nuestros niños, a pesar de que han perdido la presencia de sus padres, por otro lado han ganado otras riquezas: las nanas son sus iniciadoras a un mundo menos cerrado que el de su cuna de origen, más real. Por ellas aprenden pegajosas canciones de notable contenido sentimental (y no ironizo) que transmiten radios del corazón. Cultura popular en la fuente misma, como los dichos o refranes del campo que enseñaban las nanas más viejas.
Y, ahora, las nanas, además, serán las nuevas superheroínas de Santiago oriente. Me imagino a un niño contándole a sus compañeros al otro día de un violento asalto: “Mi nana es bacana, tiró al suelo a un ladrón y lo noqueó…”. Las nanas serán no sólo sinónimo de cariño y dedicación, sino de valentía. Heroínas en el tiempo de la ausencia del padre y la madre.
Sí, porque ya ni las abuelas están en las casas para cuidar a los nietos: se lo pasan en gimnasios y talleres de autoayuda. Pero las nanas pueden ser nuestra gran autoayuda. Son un arquetipo netamente chileno, que difícilmente un extranjero podría entender sin caricaturizar. Como no lo hace Sebastián Silva en su última —me atrevo a decir extraordinaria— película “La nana”. Allí nos conduce delicadamente, con humor y ternura, por el laberinto del alma de una nana, oculto detrás de sus ositos de peluche en la pieza del fondo de la casa. Silva nos muestra que las hay de todo tipo: nanas misteriosas, nanas santas, nanas tiranas, nanas pacientes, nanas mañosas…
Pero ahora todas ellas —gordas, flacas, altas o bajas— están a un paso de convertirse en nuestra nueva seguridad ciudanana.
Fuente: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2009/08/06/seguridad-ciudanana.asp
