Conozco a mucha gente, pero pocos son llamados amigos, y aún menos son llamados amigos sinceramente.

Si matar nos hace asesinos, si robar nos hace ladrones, si mentir nos hace mentirosos, ¿qué nos hace el sentir? Desde mi punto distorsionado y subjetivo de ver la vida, creo que sentir nos hace humanos. El sentimiento es un arma de doble filo, que nos hace ser quienes somos, cualquier sentimiento. No podemos dejarnos consumir por la pasión sino morir calcinados por ese fogoso sentimiento. No podemos amar si no podemos odiar. No podemos odiar sin que nos odien de vuelta, y ese amor y ese odio pudieron ser el mismo.

Volviendo a lo de la gente… me sentía sincera y profundamente perturbado. Hace ya un par de años me embobé con comentarios de algunas personas. Las conversaciones con ellos tomaban un extraño pero exquisito cariz. Estas personas habían leído cosas que yo había escrito por aquí y por allá. Alguna publicación basura que hice alguna vez en Internet o algún cuentecillo que les llegó por el mano a mano. La forma que estas conversaciones tomaban era la de un discípulo hablándole al mentor. No lo niego, realmente me agradaba hacer el papel de maestro, pero eventualmente me cansó. Siempre me había gustado más el papel de discípulo, que no se debe sentir agobiado por no poseer todas las respuestas a las preguntas que formulan, es decir, por algo las hacen, ese discípulo que puede caer en errores torpes por su inocente ignorancia, en fin. Pocas veces desempeñé ese papel, casi siempre respondía a alguna conversación con gente mayor que yo. Lo que eventualmente se transformó en arrogancia.

Estas dos personas, que en su momento llegué a denominar cuasifanes (consciente del egocentrismo enorme que esto implicaba), se acercaban a mi y se entablaban gratas conversaciones. Pero como todo sentimiento se puede tornar en algo malo, este en particular de autosuficiencia y superioridad, se tornó en envidia. Tórrida y espeluznante envida. Simple y directo, así nada más. Sin embargo comprendí rápidamente que, como todo lo demás, está en nosotros volver estos sentimientos en algo bueno nuevamente.

Sentí envidia cuando estas dos personas, cuyo único punto en común era yo, y de pronto se juntaron. Yo desaparecí para ellos, y ellos crearon un “nosotros”, irrefutable, terrible y excluyente.

Pero sentir es humano. La envidia puede ser sana y enseñarnos cosas. El punto es que todo tiene un lado bueno y uno malo, mejor dicho un lado menos malo.

En este caso, aquella malquista envidia provocada por el egoísmo y el egocentrismo se pudo transformar en algo bueno. Gracias a aquella innegable envidia, escribí varios cosos. Atrapando ideas con un lápiz portamina.

En ese momento yo había dejado de escribir por un largo periodo. Pero la envidia me gatillo una sana inspiración. Gracias a esa envidia, hoy en día, y aunque suene indecoroso, cuando venga ese vómito de ideas voy a meter los dedos en la garganta y lo voy a dejar caer todo en el papel.

Sentir es humano, tan humano como errar, este coso lo escribí para recordarme a mi mismo este capitulo poco elocuente de mi vida, este capítulo que me hizo inyectar nueva energía a mi vida. Sentir es humano, lo inhumano sería negarlo. Negar nuestros sentimientos.

Sepan que sentir, sin importar que, nos hace más humanos, y eso es una de las pocas cosas de las que estoy cien por ciento seguro.

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